domingo, 11 de marzo de 2018

Película: Lady Bird

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Título: Lady Bird
Director: Greta Gerwig
Guionistas: Greta Gerwig
Género: Comedia
Duración: 94 minutos
Puntuación: 7

Una joven estudiante que se hace llamar Lady Bird se muda al norte de California para pasar allí su último año de instituto. La joven, con inclinaciones artísticas y que sueña con vivir en la costa Este, tratará de ese modo encontrar su propio camino y definirse fuera de la sombra protectora de su madre.
Creo que el problema que ha tenido esta película es la cantidad de hype que ha habido en torno a ella. Que si la revelación del año, que si un peliculón, que si no se qué... A ver, seamos francos. La película es buena - al menos a mí me lo pareció - pero tampoco es la octava maravilla del mundo.

Como dice la sinopsis, Lady Bird cuenta la historia de una adolescente que se da ese nombre a sí misma y que, básicamente, tiene los típicos problemas de cualquier adolescente en su último año de insituto. Así que sí, esta es una película sobre dramas adolescentes, y como tal, no faltan en ella temas como el amor romántico, la primera vez, el baile del instituto, las preocupaciones que trae consigo la universidad... os suena, ¿no? Sin embargo, tal vez al leer todo esto estéis a punto de descartarla. Tampoco hay que precipitarse, porque es cierto que Lady Bird es una película sobre adolescentes, pero bien hecha.

Lo principal es la relación entre Lady Bird y su madre, tormentosa, llena de gritos y de contradicciones, pero también de grandes actos de amor, como no podía ser de otra forma. En mi opinión, han hecho un gran trabajo a la hora de retratar esto, porque es un tema que no se toca en profundidad tan a menudo, y es que no es nada fácil hacerlo. Las relaciones entre madres e hijas durante la adolescencia rara vez son fáciles.

Lady Bird, personaje interpretado por Saoirse Ronan, actriz que me encanta, me ha parecido muy auténtica. No quiero decir que me haya caído bien todo el rato ni que justifique todas sus decisiones, pero me he sentido identificada a menudo con ella y he comprendido todos sus anhelos, sus frustraciones y sus errores. Lady Bird se encuentra en esa fase de rebeldía, de renegar de todo lo que tiene -incluso de su nombre-, de no encontrar su lugar en el mundo. Mi aplauso para este personaje, que lleva el peso de toda la película y que ha hecho un gran trabajo.

Así que, yendo a lo importante: ¿es tan buena como dicen? Probablemente no. Pero eso no quiere decir que sea mala. Tiene una trama sencilla y ya vista, pero bien narrada, sin caer en tópicos ni tonterías, que a mí personalmente me tocó la fibra sensible en alguna ocasión.


Lady Bird  es un fiel reflejo de la adolescencia, con las relaciones familiares, la búsqueda de uno mismo y los dramatismos a veces exagerados, y con una evolución de la protagonista que me ha encantado. 
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martes, 6 de marzo de 2018

TTLG #23: Mi (corta) experiencia con la literatura asiática



¡Hola lectores! 

Como habréis deducido por el título de la entrada, hoy vengo a hablaros de literatura asiática, u oriental -no se muy bien cuál es el término correcto e Internet no termina de aclarármelo-.
Me gustaría poder hacer una entrada tipo Cómo empezar a leer literatura oriental pero la verdad es que no tengo tanta experiencia para eso, así que simplemente voy a hablaros de los libros que he leído yo, tanto los que me han gustado como los que no, y los que espero leer este 2018.

En primer lugar, hablemos del archiconocido Haruki Murakami, uno de los escritores japoneses modernos con más éxito. Tanto Murakami por aquí Murakami por allá, era inevitable que terminara leyendo su obra. No tenía ni idea y se me ocurrió la maravillosa idea de empezar leyendo la trilogía -¿o es saga?- de 1Q84. Mala elección. Si queréis empezar con Murakami, yo no recomendaría este libro para un primer contacto.
Me leí el 1 y el 2 seguidos y a día de hoy sigo diciendo que no entendí ni papa de lo que estaba pasando, que todavía no me he enterado de qué narices va la historia, y eso tiene mérito después de meterme casi 700 páginas. Además, creo que fue el primer libro japonés que leí, y claro, no estaba acostumbrada al estilo, ni a la forma de ser de los personajes, ni a las costumbres ni a la prosa ni a nada. Eso influyó, desde luego.


Dejé apartado a Murakami durante un tiempo hasta que reuní fuerzas para darle otra oportunidad. Esta vez me informé un poco mejor y creo que escogí dos títulos más acertados: Tokio blues y After dark. Estas lecturas hicieron que me reconciliara un poco con el autor. Un poco. He llegado a la conclusión de que Murakami no es para mí. Ya no es que sus otras obras me parecieran demasiado psicodélicas o no me enterara de nada. Me entretuvieron, me gustó el estilo, pero simplemente no despertaron en mí ni un solo sentimiento. Nada. Me dejaron totalmente indiferente, igual que antes de haberlos leído, y eso que Tokio blues trata temas muy profundos como la soledad y la muerte, pero es que a mí no me transmitió nada.

Tardé un poco en volver a la literatura japonesa, pero finalmente me animé con Las hermanas Makioka, de Junichiro Tanizaki, un autor que es todo un clásico. Elegir una saga familiar fue una grandísima idea porque me gustó mucho este libro, además de que pude entrar en contacto con algunas de las tradiciones y costumbres japonesas de aquella época, y el choque con la mentalidad occidental.

Ese mismo año leí La vegetariana, de Han Kang, una autora coreana. No os voy a mentir, es una lectura rara cuanto menos. Muy intimista y profunda, realmente la disfruté tanto por los análisis de la obra que había leído previamente.


También quería mencionar dos autores que conocía de antes: Amy Tan, estadounidense pero hija de inmigrantes chinos, reflexiona a menudo sobre la diferencia de culturas y el choque entre generaciones, así como un tema que me encanta: la relación entre madres e hijas. Mi favorito es sin duda El valle del asombro, pero cualquier título suyo es digno de ser leído. 

Por otro lado, en la literatura de Oriente Próximo tenemos  Khaled Hosseini, nacido en Afganistán. Sus tres libros son maravillosos: Cometas en el cielo, Mil soles espléndidos, Y las montañas hablaron. Sus obras son perfectas para enterarse un poco de la historia y la situación de este país, algo de lo que yo apenas sabía nada hasta leerlos.

Como veis, tampoco es que haya leído tanta literatura oriental, aunque lo mismo me estoy dejando algún título más en el tintero. Sin embargo, es una costumbre que no quiero perder y pienso seguir informándome y conociendo nuevos autores. Ahora mismo estoy leyendo Máscaras femeninas, de Fumiko Enchi, y este año quiero leer por lo menos un par de títulos más: Los amores de Nishino, de Hiromi Kawakami y La belleza es una herida, de Eka Kurniawan.

¿Y vosotros? 

¿Habéis leído literatura asiática/oriental? 

¡Contadme!


sábado, 3 de marzo de 2018

Reseña: Más allá del invierno

Imagen relacionadaTítulo: Más allá del invierno
Autora: Isabel Allende
Editorial: Plaza & Janes Editoriales
Número de páginas: 352
ISBN: 9788401019760
Precio: 22 €
Puntuación: 8

Isabel Allende parte de la célebre cita de Albert Camus -«en medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible»- para urdir una trama que presenta la geografía humana de unos personajes propios de la América de hoy que se hallan «en el más profundo invierno de sus vidas»: una chilena, una joven guatemalteca ilegal y un maduro norteamericano. Los tres sobreviven a un terrible temporal de nieve que cae en pleno invierno sobre Nueva York y acaban aprendiendo que más allá del invierno hay sitio para el amor inesperado y para el verano invencible que siempre ofrece la vida cuando menos se espera.

Tenía ganas de volver a leer a Isabel Allende después de lo mucho que disfruté con El amante japonés, una de sus últimas publicaciones. Después de terminar Más allá del invierno, puedo decir que, para mí, esta es una de esas autoras que no decepcionan, una apuesta segura

Más allá del invierno es una historia de personajes, de eso no hay duda. 
Lucía es una mujer originaria de Chile con sus sesenta años bien cumplidos que se ha trasladado a Nueva York porque le salió un trabajo en la universidad. Esta señora, a pesar de tener edad casi para ser abuela, no ha perdido ni un ápice de la vitalidad del pasado y sueña con echarle un poco de sal a su vida, aventura, vidilla y, a ser posible, amor. Es muy consciente de que ya no tiene las mismas oportunidades que en la juventud, pero no ha renunciado a volver a enamorarse.  

Luego está Richard, todo lo contrario a Lucía. En verdad, él es su casero, vive en el piso de arriba y está atrapado en la rutina que él mismo se viene imponiendo desde hace varios años. Richard se queda anclado en su zona de confort, sin atreverse a salir, sin arriesgarse, alejándose de todo lo que pueda suponer una alteración para su tranquila vida. Sus propias reglas le aprisionan. 

Por último tenemos a Evelyn, una joven procedente de Guatemala, tartamuda, tímida, insegura de sí misma y con un montón de traumas del pasado. Lo que no le haya pasado a esta chica no le ha pasado a nadie. 

En verdad sabía muy poco de ella y menos de sí mismo, pero nada de eso importaba si ella correspondiera su amor; en ese caso tendrían el resto de la vida para descubrirse mutuamente, para crecer y envejecer juntos. 




Las vidas de estos tres personajes se van a entrelazar en una aventura más bien rocambolesca. La trama es un tanto surrealista, un poco loca, pero no importa porque es una mera excusa para que los personajes se conozcan, se acerquen los unos a los otros, conozcamos sus pasados, sus miedos y sus ilusiones. Ellos mismos aprenderán todavía una o dos lecciones sobre la vida gracias a esta fantástica aventura. 
Ya venía avisada de que Isabel Allende había dejado de lado el realismo mágico en algunas de sus últimas novelas. Tengo que decir que, aunque me encanta ese género, no es algo que me haya molestado lo más mínimo. La historia no lo necesita. Se lee muy rápidamente, engancha desde el principio, es ágil y fresca sin resultar superficial. Y, con ese ambiente invernal, perfecta para leer en los días más fríos. 

Este es un libro que tiene mucho, pero mucho drama. Todos los pasados de los protagonistas son trágicos, incluso un poco truculentos. Se narran hechos muy duros. Aún así, el libro me ha transmitido un aire de positivismo todo el rato, y también cuenta con varias pinceladas de humor. A Isabel Allende le va el drama, pero no se recrea en él, no te hunde en la miseria. Te lo cuenta como algo natural y, sobre todo a través del personaje de Lucía, se lo toma con filosofía. Toca a menudo el tema de hacer las paces con el pasado, aceptar los errores y seguir adelante

Otro tema que aborda en Más allá del invierno y que también estaba presente en El amante japonés es el tema de la vejez, y es que se le da de maravilla. Con su escritura reflexiona sobre hacerse viejo y nos hace ver que las personas mayores no están condenadas a una vida gris y vacía, ni mucho menos. De hecho, el amor durante la vejez es un tema que le encanta y realmente lo borda. 

Más allá del invierno  es una novela ligera, que se lee sin apenas darse cuenta. Se centra en los tres personajes principales, sus pasados y sus perspectivas de futuro y reflexiona con humor sobre los errores del pasado o la vejez. 

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